viernes, 22 de diciembre de 2017

Buceo con tiburones en Maldivas

Texto: Mónica Alonso Ruiz
Este artículo se publicó en la Revista Escápate, en su número 24
http://www.cluboceanides.org/recursos/escapate-24-2017.pdf

La portada del artículo en la Revista Escápate num 24

El pasado mes de marzo tuve la oportunidad de volver a Maldivas para disfrutar de sus maravillosos fondos marinos. Esta vez tuve más suerte que la primera vez que fui, ya hace unos cuantos años, y las condiciones del mar fueron muy buenas para la práctica del buceo.

La fauna marina que una espera encontrar cuando va por allí consiste fundamentalmente en animales grandes, especialmente tiburones. Sorprendida por lo afectados que habían quedado los corales duros de las thilas (los pináculos de coral) por causa del último episodio del Niño, y a la vez muy aliviada por la presencia de numerosas masas de corales blandos que parecían haber renacido tras la muerte de sus parientes duros, pude disfrutar de un safari vida a bordo de lo más gratificante. Avistamos  numerosos tiburones grises, puntas blancas de arrecife, mantas de arrecife en dos maravillosas inmersiones, pudimos ver el tiburón ballena y finalmente una experiencia de buceo nocturno con tiburones nodriza. Estas dos experiencias, la del ballena y los nodrizas fueron muy gratificantes: ver de nuevo al gran gigante del mar me emocionaba mucho y la inmersión nocturna en el muelle de Alimatha con los nodrizas era nueva para mí, dado que no se realizaba aún la vez anterior que estuve por allí (yo ni siquiera pude ver nodrizas en las inmersiones) e iba a ser mi primera vez con esta especie. Una vez finalizado el safari ambas experiencias me dejaron pensamientos contradictorios flotando en mi cabeza y una cantidad de cosas en qué pensar que me han llevado, una vez aclaradas las ideas, a relatar todo esto y lo que pienso de ello.

Como ya sabéis, soy una gran amante de los tiburones, y como conservacionista siempre he defendido aquello de que “vale más un tiburón vivo que uno muerto”. Esta es la justificación habitual para las actividades de buceo con tiburones, que son la mejor forma de proporcionar recursos a aquellos que han dejado de pescarlos para protegerlos, y así animar a las autoridades a que emprendan acciones a favor de su protección y en contra de su pesca.

Sin duda el buceo con tiburones es apasionante, para algunos una experiencia de aventura y riesgo, y para otros una oportunidad de ver a estos maravillosos animales en su medio. Y por eso nos apuntamos a todo lo que nos propongan en relación con la posibilidad de verlos. Sabemos que hay tantas especies de tiburones que no todo es adrenalina, dado que algunos, como los tiburones ballena, no dejan de ser pacíficos animales. Y lo mismo ocurre con el tiburón nodriza, un animal aparentemente tranquilo y nada agresivo.

Buceo con el tiburón ballena en Ari Sur

Programado en el itinerario del safari estaba el buceo con el tiburón ballena en el sur del atolón Ari Sur. Nos explicaron que la plataforma de ese atolón es muy pequeña  y somera y que a muy poca distancia la profundidad es muy grande. Por ello esa zona es idónea para el avistamiento de especies pelágicas de gran tamaño. Y parece ser que los tiburones ballena que se acercan a la costa son juveniles de “pequeño” tamaño (alrededor de 8 m), que nadan en profundidades someras para calentarse con el sol. Un poco escéptica con esta explicación, continúo escuchando las indicaciones de nuestro guía mientras nos ponen un vídeo de cómo comportarse con estos animales cuando nadamos a su alrededor. El primer y único encuentro con ellos iba a ser buceando con tubo y aletas en superficie.

Los guías llevaban toda la semana sin hablarnos de este encuentro, como para que no nos hiciéramos ilusiones: hacía más de dos meses que no avistaban un solo ejemplar en la zona, y eso era muy raro. Al parecer se había podido ver un grupo de orcas en la zona y los tiburones ballena juveniles parecían haber desaparecido para no encontrarse con estos depredadores.

Nos explicaron las normas: no ponerse delante del animal ni en su trayectoria, respetar una distancia de seguridad y no tocarle. Todo muy correcto y es lo normal en estos casos. Lo que no nos contaron es que esperando a estos animales en esta zona, cada día hay más de 8 o 10 cruceros con unos 20 buceadores en cada uno. Y además los resorts cercanos acercan a los turistas a nadar con este animal.

Llegamos a la zona y nos encontramos con un espectáculo dantesco de todos los  barcos haciendo recorridos de búsqueda a lo largo del atolón. “Nos han dicho que se ha visto uno”, nos decían los guías, nerviosos mientras que nuestro barco de buceo, el dhoni, de unos 10 m de eslora, navegaba a toda leche de un lado para otro. Nos explican la estrategia: todos preparados con tubo y aletas y en cuanto el barco pare y nos digan, nos tenemos que tirar al agua en grupo.

No sabemos cómo, nuestros guías fueron muy listos y lo vieron primero, antes que el resto de los barcos: “está a unos 5 m de profundidad”, dijeron, y nos lanzamos al agua. Fue impresionante: allí estaba, justo debajo de nosotros, navegando sin parar paralelo a la costa, aunque no muy rápido, lo suficiente para tener que aletear fuerte para poder verle el cuerpo entero y no perderle de vista. Un par de afortunados apneistas pudieron apenas acercarse a unos metros del animal y sacarle unas fotos. Y mientras el resto nos debatíamos en superficie con más de cien personas que estaban a nuestro alrededor, enloquecidos por ver su majestuosa cola. Se acercaban barcos al enorme grupo de nadadores, con el gran peligro que esto representaba, para acercar aún más a sus grupos de nadadores.
Yo “pateaba” con mis aletas sin fin, con las manos por delante para evitar las patadas, aletazos y golpes de otros nadadores. Recibíamos empujones y golpes por todos los lados, a la vez que oíamos gritos en todos los idiomas. Y mientras tanto nuestros guías se debatían por elevar sus manos para que los barcos les pudieran ver y evitar que se acercaran peligrosamente a nosotros con sus motores en marcha. Vimos chinos con chaleco salvavidas y máscara completa de cara (de esas nuevas con el tubo por delante), flotando y a la deriva, como alejados de la acción. Sin saber aletear y probablemente sin saber nadar.

Foto: Tchami 

Finalmente el animal se fue y la magia desapareció. Volviendo a la realidad tuve que hacer esfuerzos por quitarme la gente de encima, mientras trataba de ver alguna cara conocida cerca. Afortunadamente nuestro grupo no se había desperdigado entre el más de centenar de personas en el agua y escuché voces familiares. En un instante nuestro dhoni estaba allí para sacarnos a todos sanos y salvos.

Imagino que para los guías este “circo” tan peligroso por la posibilidad de que alguien saliera herido, no les debe gustar mucho, aunque lo sufran semana a semana. Pero hacen tan bien su trabajo que parece que se las apañan bien para sacarnos a todos indemnes.

También me pongo en el lugar del pobre animal que se acerca a la costa supuestamente a nadar en aguas someras y percibe ese enorme escándalo de barcos navegando a toda velocidad y luego de nadadores chapoteando tras él. A pesar de que este individuo estaba muy tranquilo, finalmente se debió cansar del barullo y se fue. Ya no se le volvió a ver más ese día. Desconozco si en días posteriores se pasó por la zona o huyó despavorido hacia otras zonas más tranquilas.

La sensación que tuve de “circo animal” superó con creces la euforia y la alegría por poder apreciar la majestuosidad de su natación poderosa. Mi impresión es que las autoridades maldivas, que supuestamente destinan fondos al estudio de esta especie, seguramente pondrán algún tipo de cuota a estas actividades, ya que pueden ser peligrosas para los turistas, y para los propios animales.

Es muy posible que la inexplicable ausencia de los tiburones ballena en esa zona responda a la huida de un entorno poco agradable para ellos y no por la presencia de orcas en la zona ¿quién sabe? Pues al final ¿quién es más dañino, el hombre que lo invade todo, o sus depredadores naturales? Estábamos en un confín del planeta, en un lugar supuestamente poco masificado por el turismo, y estos pobres animales acababan sufriendo la masificación turística. No me puedo imaginar qué ocurriría si esto estuviera más cerca de Europa.

No podía evitar contaros a todos esta experiencia, para expresar en voz alta mis pensamientos confusos. Quizá estamos intentando salvar a estos animales de una forma que tenemos que modificar. Es cierto que cada uno de los que estábamos allí sin duda nos hemos vuelto más defensores de este animal tras la experiencia. Pero ¿a qué precio? ¿Tenemos derecho a perturbar la vida de un juvenil que se acerca pacíficamente a la costa y modificar gravemente sus patrones de conducta?

Tampoco soy muy radical diciendo que no se deba nadar con ellos. Creo que sigue siendo beneficioso incluso para la propia especie. Quizá se deban rediseñar este tipo de actividades o limitar el número de personas. El tiempo lo dirá… O los tiburones ballena se irán de la zona. 
Esquema de la actividad. Cortesía Emperor Divers

Buceo con tiburones nodriza en el arrecife de Alimatha

La última noche del safari nos llevaron a Alimatha, un lugar muy popular en los últimos años por su inmersión con los tiburones nodriza en un canal de un atolón, al anochecer. Me habían contado muchas cosas sobre esta experiencia: sobre todo que era un espectáculo de tiburones y buzos mezclados en un frenesí motivado por el cebo diario de los animales, en medio de la corriente del canal, y aderezado con el factor nocturno y con la presencia de grandes pastinacas envolviendo a los buzos y tiburones.

Los tiburones nodriza tienen fama de ser muy pacíficos y claramente inofensivos. El reducido tamaño de su boca y sus diminutos dientes no pueden dar a este animal la imagen del típico tiburón devorahombres que los medios de comunicación nos venden todos los días. Claro que los animales salvajes, por pacíficos que sean, en un frenesí alimentario por la presencia de abundante cebo flotando en el agua entre los buceadores, pues pueden dar lugar a pequeños accidentes y lesiones a buceadores y animales.

En nuestro barco, en el “briefing” de la inmersión nos explicaron que el gobierno maldivo ya no permite el cebo intensivo que se venía haciendo todos los días. Y que las actividades en la zona somera del “jetty”, el muelle delantero del resort donde se hacía el cebado diario, ya no se hacían. Muchos barcos de crucero se seguían reuniendo allí cada noche, para bucear con estos animales, aún muy condicionados por la pasada actividad de cebo masivo. Algunos barcos sí llevaban cebo, pero el nuestro, por cuestiones éticas, no lo llevaba. Nos explicaron lo de siempre: dejar que los animales se acercaran y no al revés, no perseguirlos y no tocarlos; buceo en grupo y la forma de colocarnos en el fondo cuando aparecieran los tiburones nodriza.

Y nos fuimos al agua tranquilamente, separados de los otros barcos, y avanzamos por el canal. Con nuestras linternas por delante, para iluminar la oscuridad creciente, encontramos un grupo de buceadores en círculo alrededor de dos ejemplares tranquilamente tumbados en el fondo. No había corriente ese día.

Aquí me tenéis, junto a un tiburón nodriza. Foto: Luis Abad
Seguimos adelante y vimos algo más de acción: un grupo de 4 o 5 animales rodeaban muy de cerca a un grupo de buceadores. Nos acercamos y nos rodearon e hicieron pasadas muy cercanas esta vez alrededor de nosotros. Eran bastante grandes y no estaban nada nerviosos. Sin duda esperaban un premio en forma de cebo que no se les daba. Llegaron las pastinacas: estas más descaradas con los buceadores y acercándose mucho. Pasó un tiburón por delante de mí y se frotó con el suelo, como para rascarse la espalda. Disfruté de su presencia. Nada de frenesí ni animales nerviosos. Nada de riesgo.

Era evidente que su comportamiento no era natural con la presencia de humanos. Estaban aún muy condicionados por años de cebo diario y asociaban a los buceadores con la comida, pero de manera muy diferente a como me habían contado y como algunos de mis compañeros recordaban de otras ocasiones de visitas anteriores a Alimatha. Seguramente les siguen cebando, pero ya no es tan evidente y existe menos riesgo de accidente. A la señal del guía una hora después del inicio de la inmersión todos salimos del agua. Yo estaba muy contenta por haber visto de cerca una nueva especie de tiburón, y a la vez muy aliviada porque ya no era el “circo” animal que me esperaba.
Foto: Luis Abad

Sin duda parece que el gobierno maldivo había tomado medidas, o fueron los propios operadores de buceo de la zona, para evitar accidentes y para controlar una experiencia que se les estaba escapando de las manos.

Me fui de Maldivas muy contenta, con muchas ideas bullendo en mi cabeza. Amando mucho más a los tiburones y fascinada por verlos nadar en su medio, especialmente cuando fuimos a canales donde había grises y puntas blancas de arrecife en plena acción de caza, aparentemente sin ser molestados por nuestra presencia. Triste por el tiburón ballena y el multitudinario espectáculo que se monta alrededor cada día, y contenta porque el buceo con los tiburones nodriza había dejado de ser el circo que era. Volveremos un año de estos a ver cómo han evolucionado estas actividades.

REFERENCIAS