domingo, 18 de febrero de 2018

Sistemas anti tiburones: ¿quimera o seguridad?

Este artículo se publicó en la Revista Acusub en el número 177
http://acusub.com/?p=2693
Texto: Mónica Alonso Ruiz

Los buceadores somos personas con gustos extraños. Algunos de nosotros amamos criaturas que son potencialmente peligrosas y nos apasiona el buceo con ellas. Y a pesar de ello nos seguimos sumergiendo con ellos. ¿Por qué lo hacemos? Las razones son muy personales, desde los que desean una experiencia con altos niveles de adrenalina, hasta los que admiramos la impresionante natación y forma de moverse de estos majestuosos animales ¿Es seguro? Pues debe serlo, pues no conozco a nadie que haya buceado con tiburones y que haya tenido un problema grave.

Los tiburones son animales salvajes y de las más de 500 especies de escualos que existen, solamente una decena de ellas son peligrosas para los humanos. Es cierto que al igual que se hace en las experiencias de avistamiento de diversos animales salvajes del tipo “superdepredador peligroso” hay que recurrir siempre a ciertas medidas de seguridad, puesto que la presencia de los humanos para estos animales a menudo supone una molestia, perturbación o impacto y no podemos esperar que su conducta, siendo animales agresivos para sus congéneres y para sus presas o depredadores, sea la de indiferencia y sumisión, y tampoco debemos descartar conductas agresivas.


Foto: Luis Abad

¿Están las aguas infestadas de tiburones? Cuando te sumerges por diferentes mares descubres que los tiburones son escasos y que es difícil encontrarse con uno, salvo en zonas donde suele haberlos, y en esos casos no hay tantos como nos gustaría.

¿Tenemos que preocuparnos por la presencia de tiburones en el océano? La verdad es que las cifras hablan por sí solas, y de los datos de Global Shark Attack File, el organismo encargado de registrar los ataques de tiburón desde principios del siglo XX, se obtiene que la probabilidad de morir por ataque de tiburón es de 1 entre 3.800.000, casi despreciable. Así que  podemos decir que es casi imposible morir de un ataque de tiburón ya que al año no se producen más de una decena de muertes por incidentes con tiburones: no atacan por lo general a los humanos.

Sin embargo, a pesar de la baja mortalidad, hay determinadas “zonas calientes” en el mundo donde se concentran estos accidentes, como son Australia, California, Florida, la Isla de Reunión, Hawai, etc.  Muchas de las víctimas son nadadores y surfistas, y casi siempre las causas son por imprudencia al nadar en condiciones de mala mar, baja visibilidad, etc, en las que los animales muerden cualquier cosa que esté por la superficie, para ver de qué se trata. No debemos olvidar que los océanos están cada vez más escasos de peces, y por tanto de alimento, y los tiburones buscan cualquier cosa que les pueda resolver su difícil vida de búsqueda de sustento. Considerando que cada vez hay más personas en el agua, la probabilidad de incidente, aunque ínfima, es cada vez mayor.


Algunas playas optan por avisar a sus bañistas del peligro de presencia de tiburones

Ante la alarma social que producen estos accidentes las autoridades de estos países o zonas calientes investigan una y otra vez para intentar encontrar el mejor sistema antitiburones que permita la convivencia de humanos y escualos en el agua. Ha habido muchos intentos de repeler a los tiburones a lo largo de la historia reciente, y existen compañías que venden determinados dispositivos.

Breve historia de los repelentes de tiburones

Todo comenzó con el hundimiento del buque insignia de la Armada Americana, el USS Indianápolis en 1942 en el Mar de Filipinas. Durante cinco días permanecieron en el agua más de 800 soldados, muchos de ellos heridos. El barullo del ataque y hundimiento del barco por un torpedo japonés probablemente atrajeron a los tiburones, y los chapoteos y sangre en el agua provocaron que, según testimonios de los supervivientes, los escualos atacaran a los muertos y heridos. Se ha estimado que pudieron ser tiburones puntas blancas oceánicos (C. longimanus) que aprovecharon el desastre humanitario y actuaron de carroñeros oportunistas. Esto quizá se vea como algo horrible y podemos pensar que son monstruos, pero la verdad es que actuaron como animales salvajes sobreviviendo en la jungla del océano. Sabemos que los tiburones, especialmente ciertas especies, se alimentan de lo que pueden, y si está flotando en el agua y no opone resistencia pues siempre muerden a ver qué pasa.
 

El USS Indianápolis

Durante la Segunda Guerra Mundial otras catástrofes navales y aéreas habían producido varias muertes de soldados en el agua y tras la del Indianápolis la opinión pública americana pedía tomar medidas al respecto. La Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), precedente de la CIA, desarrolló un repelente de tiburones para evitar los accidentes con los militares náufragos.

Se probó con todo tipo de sustancias, incluso con venenos. Se utilizaron pequeñas musolas pintadas (Mustelus canis) para los experimentos. Las primeras sustancias que se plantearon fueron las obtenidas de carne de tiburón descompuesta mediante sales de cobre. Se diseñó en 1945 el repelente Shark Chaser, que tenía un colorante y acetato de cobre, el cual parecía que tuvo algunos resultados positivos como inhibidor de la conducta de los tiburones en laboratorio. Y se utilizó este sistema para el kit de supervivencia de los soldados para emergencias en el mar.


Shark Chaser, el primer repelente de tiburones militar, que estuvo disponible
hasta 1974 a pesar de sus bajos resultados.

Sin embargo, a pesar de que este repelente se siguió utilizando durante décadas, en los años 50 se concluyó que ni los compuestos de cobre ni los extractos de tiburón en descomposición eran efectivos. En 1974 se decidió eliminar este sistema del equipo de emergencia por ineficaz. Imagino la expresión de la cara de todos aquellos soldados que lo habían utilizado durante años al conocer que no servía para nada. Quizá lo que valoraron los “expertos”, que mantenían el sistema sabiendo que no funcionaba, fue que es mejor tener un náufrago en el agua pensando que está protegido, puesto que el pánico es una gran fuente de mortalidad en estos casos. Fue quizá el primer protector psicológico de entre otros muchos.

Se propusieron diferentes sustancias como lacrimógenos, sudor humano, holoturina (una esencia que los pepinos de mar utilizan como repelente de depredadores), halitoxinas (sustancias repelentes de las esponjas), pardaxinas procedentes de ciertos peces (letales para otros peces), etc. No fue hasta los años 90, cuando se empezaron a investigar con los semioquímicos del tipo feromonas, que son sustancias secretadas por los seres vivos para provocar comportamientos específicos en otros individuos de la misma u otra especie. Ya en los años 2000 aparecieron las primeras compañías en comercializar este tipo de repelentes, como Shark Defense, que incrementaron los esfuerzos de investigación en este sentido, analizando para cada sustancia, la especie de tiburón en la que hacía efecto.

El abanico actual de sistemas

La investigación actual se ha ampliado no solo hacia los repelentes químicos, sino a todo un abanico de actuaciones de lo más variado, en el sentido de evitar los accidentes con tiburones, que vamos a intentar resumir a continuación.

El uso de redes de enmalle para proteger las playas viene desde los años 30 en Sydney. Se trata de poner unas redes que capturen y eviten la entrada de los tiburones a las playas. Son redes de enmalle, con el objetivo de enredar y capturar al animal y no funcionan como barrera contra su paso: por eso no se sitúan en todo el ancho de la playa ni cubren toda la columna de agua. Desde sus inicios se han utilizado en Sudáfrica y Australia y el resultado ha sido que miles de tiburones y también otras especies marinas han sido víctimas de estas trampas mortales. Son dispositivos muy eficaces, pues llegan pocos escualos a las playas, pero con un coste ecológico demasiado elevado. Las más modernas disponen de sistemas de repulsión de cetáceos vía sonar, pero siguen siendo causa de mortalidad de muchas especies.


Los sistemas de barreras mediante el uso de redes de enmalle 
incorporan sistemas inteligentes anticetáceos

Las barreras contra tiburones son redes que proporcionan un recinto cerrado seguro, desde la superficie hasta el fondo. Se han usado en Australia, en Hong Kong, en la Isla de Reunión, etc. Los que las ponen dicen que son compatibles con el medioambiente, porque tienen menor mortalidad (su objetivo no es matar al tiburón), pero todos sabemos que cualquier red es siempre mortal para determinadas especies. Además, es complicado mantener en buenas condiciones el recinto, debido a los daños sufridos en temporales, etc, lo que obliga a ponerlas en la época estival y a quitarlas en invierno.


Redes antitiburones “ecológicas”


Recinto cerrado con redes para permitir la natación segura de bañistas.

Algunas administraciones públicas, como el gobierno de Australia, ante la presión pública han utilizado la técnica tradicional para evitar estos animales: la matanza indiscriminada de tiburones de la zona. No hay que decir lo que opinamos los conservacionistas de estas medidas: nos horrorizan pues “resuelven” el problema a base de un coste ambiental enorme. Y ello no garantiza que no se sigan produciendo accidentes. El sistema utilizado es el de largas líneas de palangres en las que supuestamente solo caen tiburones, pero la realidad es que este arte de pesca es tan indiscriminado que caen delfines, tortugas, y roda clase de vida marina. Además los tiburones objetivo de estos sistemas a menudo son especies amenazadas, como el tiburón blanco, el tigre, el martillo o el toro.


Foto: Sea Shepherd

Se han utilizado sistemas avanzados de palangre, en los cuales cuando cae un tiburón se llama a la guardia costera para que proceda a eliminar al tiburón o a alejarlo de la zona. La cosa es que muchas veces cuando llegan a la zona el tiburón ya ha muerto y cuando no, requiere de gran habilidad para trasladarlo (a veces aprovechan para etiquetarlos).


Una técnica novedosa que se está utilizando también en Australia es el de la localización de tiburones en las zonas de baño y de práctica de deportes náuticos como el surf. Se utilizan drones, helicópteros y torres de observación. Se trata de localizar al animal y prevenir a los bañistas. El problema de estos sistemas es que no son eficaces al 100%, por la imposibilidad de detectar todos los tiburones de la zona. En zonas donde los tiburones son ocasionales pueden ser válidos, si no se baja la guardia.


Dron de vigilancia y detección de tiburones

Otra forma de advertir a los bañistas es mediante la utilización de aplicaciones para el móvil, utilizadas en Australia, donde se alerta de la presencia de tiburones en una determinada zona. Estos sistemas dan incluso la opción al público de informar sobre avistamientos. La cuestión es que puede ser útil para los bañistas antes de meterse en el agua, pero una vez en el agua no se puede acceder a la aplicación.

 

Las aplicaciones de móvil también se utilizan para informar a los usuarios de las playas.

El uso de sónares en las denominadas boyas inteligentes proporciona información sobre la presencia de ciertos animales, como los tiburones o cetáceos. Los datos se envían a un satélite y se envía una alerta a los guardacostas, vigilantes de la playa o a las aplicaciones de móvil. Tienen el inconveniente de que la identificación de los animales a veces no es correcta, lo que produce falsas alarmas e incluso que no se identifique un tiburón como tal.


Sistema de bayas inteligentes con sonar para detección de animales marinos

El etiquetado de tiburones permite seguir su trayectoria cuando salen a la superficie, y esto puede utilizarse como alarma cuando un animal que lleva una etiqueta está cerca de la costa. Puesto que no es posible etiquetar a todo tiburón viviente y sabiendo que las etiquetas a veces son dañinas para el animal, y que solo duran una serie de años y luego dejan de funcionar, se plantea este sistema como algo complementario al resto de sistemas.

Algunos repelentes químicos actuales se siguen basando en la teoría de que los tiburones huyen del olor de tiburón muerto, y por ello la compañía Sharktech tiene en el mercado un spray para nadadores que se puede llevar y cuando se ve necesario, aplicarlo alrededor, obteniendo según el fabricante una zona segura alrededor para repeler 15 especies diferentes de tiburones. El problema es que la concentración de repelente puede dispersarse y en caso de peligro tras haber vaciado el spray, no proporciona protección alguna.


Shark Tec, un repelente químico de tiburones en spray

La teoría de otros repelentes de tiburones se basa en que son dispositivos o métodos que interfieren en uno o más de los sentidos de los tiburones, y no solo el olfato, como en el caso de los repelentes químicos. Los repelentes eléctricos permiten actuar sobre el sentido eléctrico de los tiburones, capaces de detectar corrientes eléctricas muy pequeñas mediante unos órganos de su piel llamados ampollas de Lorenzini. Estos equipos emiten una pequeña corriente eléctrica en el agua, que interfiere y sobreestimula al animal. Esta sensación es desagradable para el animal y huye del lugar. Un ejemplo es Shark Shield, un dispositivo que los nadadores y buceadores pueden ponerse en la rodilla y los surfistas en la tabla.


Shark Shield es un sistema eléctrico

El gobierno australiano en 2012 probó estos dispositivos en focas y los resultados no fueron concluyentes dado que funcionaban solo a veces, provocando incluso que el tiburón fuera directamente hacia la el objetivo a proteger, que era detectado precisamente por la emisión eléctrica del dispositivo. Y sin embargo estudios de una universidad australiana sobre este sistema concluyeron que era el mejor dispositivo antitiburones del mercado. Los mismos estudios indicaban que el efecto es de muy corto alcance, cuando el animal está muy cerca. Y yo me pregunto ¿la cuestión no es precisamente mantenerlos lejos? que se alejen cuando ya están encima no prece ser muy eficaz.

También existen repelentes magnéticos que aparentemente sobreestimulan las ampollas de Lorenzini de la misma manera que los sistemas eléctricos. El más conocido es Sharkbanz, que se sitúa en un dispositivo a colocar en la muñeca, a modo de reloj. Son sistemas más baratos que los eléctricos. El fabricante explica que puede repeler a un tiburón tigre o toro, pero no lo recomienda para el tiburón blanco.

Algunos expertos hablan de la absoluta inutilidad de estos sistemas magnéticos, dado que ha habido accidentes en surfistas que los llevaban e insisten en la falta de evidencia científica de su funcionamiento: explican que para modificar la percepción magnética del animal y crear una barrera es preciso un gran campo magnético, mucho mayor que el que se genera. El animal detecta el campo magnético demasiado tarde, cuando está a 10 cm de la persona, lo cual no permite modificar la conducta tipo “torpedo” que se lanza a morder para identificar si se trata de presa o no.


SharkBanz el sistema magnético que puede llevarse en la muñeca.

También existen repelentes acústicos, que imitan el sonido de las orcas, potencial depredador de los tiburones grandes. Los experimentos con focas, que son también presas de las orcas han demostrado que estos mamíferos enseguida se dan cuenta del engaño, y que el sonido no proviene de una orca. Están investigando si los tiburones, a priori animales “menos inteligentes” que las focas son también capaces de descubrir el engaño.

El conocimiento de la vida animal marina, tan llena de estrategias de depredación y de defensa, ha llevado a los científicos a estudiar ciertas conductas animales que detienen a los depredadores, como el uso de colores llamativos a modo de amenaza de animal tóxico por su ingesta o el uso de coloración disruptiva o de engaño del depredador por el uso de determinadas bandas de color. Lo primero que llamó la atención de los científicos es que los trajes de neopreno nos hacen parecer focas, una de las principales presas de tiburones grandes como el blanco. Y especialmente lo parecen los surfistas, que manejan las olas como hacen estos animales.

Por ello una empresa australiana, Shark Attack Mitigation Systems (SAMS) ha desarrollado trajes de neopreno con patrones disruptivos, desde el camuflaje en diferentes tonos de azul hasta los modelos de rayas negras y azules que puede recordar a una serpiente marina venenosa. Curiosamente los peces piloto que acompañan a algunas especies de tiburones tienen esta librea de bandas negras y azules.
Neopreno con estrategia de advertencia


Estrategia de advertencia en tabla de surf


Neopreno con estrategia de camuflaje

¿Son realmente eficaces los sistemas antitiburones?

Los fabricantes no garantizan resultados totales en cuanto a que salven vidas humanas. El problema surge por la falta de comprobaciones con humanos en todo tipo de situaciones y frente a diferentes especies, cuyo comportamiento es muy diverso.

Las webs de todas las compañías que venden estos dispositivos o sistemas siempre tienen vídeos explicando lo bien que funcionan, y sin embargo no garantizan nada. Se avisa incluso a los usuarios que el uso de estos dispositivos se realiza bajo la responsabilidad del usuario y que deben evitar riesgos innecesarios debidos a la falsa sensación de seguridad que proporcionan. Si el fabricante dice esto, no parece que sirvan para nada.

Algunos científicos que trabajan con todos estos sistemas, como Erich Ritter, de la Universidad de West Florida, recomiendan que para evitar accidentes es preciso establecer contacto con el animal, intentar saber el estado anímico del mismo, por su expresión corporal, y así identificar las situaciones de riesgo. Realmente es lo que mismo que nos dicen cuando nos sumergimos deliberadamente con tiburones. Pero claro, esto es válido para los buceadores, y no para nadadores y surfistas, que son los más vulnerables.

Parece pues que tras esta extensa profusión de sistemas actualmente no hay ninguno infalible y quizá los gobiernos de estas zonas calientes estén un poco desesperados y que utilicen un compendio de todas las medidas que hemos expuesto. Parece pues que bañistas y surfistas con tiburones en el agua no es una buena idea por la posibilidad de accidentes. Y es que no nos damos cuenta que el océano es su hábitat y no el nuestro. 


Cartel con las medidas de detección de tiburones de una zona de la costa oeste de Australia

Lo que nunca se puede justificar es que los gobiernos realicen campañas de matanzas, lo que hacen  especialmente tras un accidente mortal. Los conservacionistas de esas zonas utilizan precisamente la gran profusión de sistemas que existen en el mercado, sean eficaces o no al 100 % como justificación para evitar las matanzas. Y es que se puede recurrir a todo menos a eliminar al animal.


Cartel educativo en contra de las campañas de matanzas de tiburones en Australia. Se indica que hay muchas posibilidades de actuación antes de llegar a recurrir a las matanzas. Sea Shepherd Australia

En cualquier caso las posibilidades de encontrar un tiburón en el océano es remota y mucho más lo es la de tener un accidente. Por eso yo estoy tranquila, aunque aparentemente no funcionen los sistemas antitiburones. Y seguiremos sumergiéndonos con ellos siempre que podamos. Son animales fascinantes, y francamente el riesgo que corremos es ínfimo.

En el momento del cierre de este artículo tengo conocimiento de una nueva barrera antitiburones, 100% eficaz, según la empresa que la comercializa. Se basa en la estrategia que utilizan las focas que viven en el kelp, las enormes laminarias presentes en muchos mares. Estas enormes cortinas de algas permiten a estos mamíferos escabullirse de los grandes tiburones blancos. El nuevo producto se llama “SharkSafe Barrier”. Se trata de una cortina de tuberías negras flotantes en cuya base se disponen imanes a modo se repelente. Resiste el oleaje y no requiere de mantenimiento. La ventaja es que no afecta a otro tipo de fauna que no sean tiburones. El Gobierno australiano está empezando a pensar en usarla. ¿Funcionará? 



La nueva barrera Sharksafe a base de tubos de plástico que simulan las laminarias del kelp

domingo, 21 de enero de 2018

La natación de los tiburones comparada con la de los cetáceos

Este artículo se publicó en la Revista Acusub en el número 175:
http://acusub.com/?p=2660
Texto y dibujos: Mónica Alonso Ruiz

Como todos sabemos, las ballenas y los delfines nadan moviendo de arriba abajo sus potentes colas. Sin embargo los peces, y los tiburones entre ellos nadan de forma muy diferente, ondulando sus cuerpos, y en particular impulsándose con su cola, que mueven de lado a lado. ¿Por qué esta diferencia? La respuesta está en la diferente evolución de peces y cetáceos.

Según explican los científicos los cetáceos nadan moviendo sus colas de manera vertical porque evolucionaron de mamíferos terrestres, hace unos 50 millones de años. Cuando los mamíferos cuadrúpedos corren, su columna vertebral flecta de arriba abajo. Las ballenas han mantenido esta disposición, lo que les permite “galopar” bajo las aguas.


Comparativa de la natación de un cetáceo y de un tiburón
Dibujo: Mónica Alonso

De acuerdo con los paleontólogos la conexión más antigua de las ballenas con los seres terrestres es Pakicetus attocki, un cuadrúpedo mamífero del tamaño de un lobo que tenía pies palmeados y que vivía en las costas de un océano somero y que se alimentaba de peces. Con la evolución, estos animales, ya totalmente marinos, se hicieron más grandes, y por ejemplo, el Basiliosauro vivía hace 30 millones de años en el agua y medía unos 18 metros. Tenía extremidades traseras de un tamaño de las de un perro, un vestigio de su pasado cuadrúpedo.


Pakicetus. Dibujo de Nobu Tamura


Basiliosaurus. Dibujo de Nobu Tamura

Según los científicos estas extremidades traseras iban a desaparecer, quedando tan solo como apéndices residuales. Pero incluso cuando desaparecieron, quedaron restos óseos como vestigio de sus ancestros cuadrúpedos.


Esqueleto de una ballena barbada. Marcado en rojo los restos óseos de sus apéndices traseros.

En el extremo opuesto, los peces mueven sus colas de lado a lado, e incluso cuando en su evolución algunos se aventuraron a tierra, seguían moviéndose de lado a lado. Un ejemplo es el pez Tiktaalik roseae, el primer pez que se cree que se aventuró a salir del agua, hace 375 millones de años.



De hecho muchos reptiles modernos, como los lagartos y las serpientes se mueven de lado a lado. Por lo tanto, por efecto de la evolución unos animales evolucionaron hacia desplazamiento vertical en su movimiento y otros hacia desplazamiento lateral.

Es curioso como el Mosasaurio, un reptil ancestral que vivió en la era de los dinosaurios, nadaba moviendo su cola de lado a lado, aunque sus ancestros vivieron anteriormente en tierra. Los dinosaurios desarrollaron un esquema de movimiento vertical, lo que justifica su éxito, pues se movían mucho más rápido que sus ancestros reptiles y sus primos cocodrilos, que tenían un esquema de movimiento lateral. Parece pues que en tierra el movimiento vertical es más ventajoso.

En el océano, para el movimiento en el agua, ninguno de los dos esquemas de movimiento ofrece ventajas aparentes. Si una de las dos opciones fuera más ventajosa, hubiera habido una presión evolutiva para cambiar, y esto no parece haber ocurrido.

En resumen, la diferencia es evolutiva: la vida se inició en el océano y algunos peces se hicieron terrestres y la evolución hizo el resto hasta la enorme variedad actual de animales terrestres. Los cetáceos volvieron al mar al evolucionar de cuadrúpedos terrestres que habían adoptado el movimiento vertical de la espina dorsal como modo de desplazamiento de gran éxito en tierra. Los peces, por el contrario, permanecieron en el océano, con el movimiento ondulatorio lateral primigenio de los animales marinos.  

La natación en los tiburones

Según el fantástico blog Tiburones en Galicia existen más de 500 especies de tiburones, de diferentes formas y tamaños, y hay diferencias en cuanto a su natación.

La natación de los tiburones responde a un movimiento ondulatorio producido por la contracción de los músculos longitudinales laterales del animal. Existen tres formas básicas de natación, muy bien descritas en el blog, y que resumimos aquí:

  •              Natación anguiliforme, en la que el movimiento ondulatorio recorre todo el cuerpo del animal. Eficaz para natación no demasiado rápida pero con gran capacidad de maniobra. Propia de animales bentónicos como pintarrojas o tiburones anguila. 
  •        Natación carangiforme, la más común entre los tiburones como los jaquetones, donde la potencia de la natación parte de la parte trasera del animal. Los tiburones martillo son un gran ejemplo de este tipo. 
  •              Natación tunniforme (como se impulsan los atunes), propia de especies muy veloces, como los lámnidos (tiburón blanco, marrajo, cailón, etc). Su cuerpo es menos flexible y es la potente cola o aleta caudal la que impulsa a todo el cuerpo del animal, a menudo con quillas laterales en el pedúnculo caudal (la parte estrecha de la cola, donde se inserta en el cuerpo del animal).


Primer tiburón: un jaquetón Segundo tiburón: un tiburón ángel 
Tercer tiburón: Un tiburón bentónico Cuarto tiburón: el tiburón blanco (el típico lámnido)
Dibujo: Mónica Alonso
Analicemos un poco las aletas de los tiburones para comprender mejor su forma de nadar. Las aletas caudales de los tiburones presentan muy variadas formas entre las especies. No solo varía su forma de especie a especie, sino que dentro de la especie también se modifica, según los científicos, dependiendo de la situación. La función propulsora de esta aleta se refuerza en algunas especies por la presencia de refuerzos, las quillas transversales presentes en las especies de natación tunniforme, como los lámnidos. Estas quillas además tienen otra función aerodinámica, acelerando y dirigiendo el agua hacia el centro de la aleta para aumentar su empuje.

Cada una de las aletas de los tiburones, tanto las impares (caudal, anal y dorsal), como las pares (pectoral y ventral) tienen una función diferente: propulsarse, estabilizar o girar. Son grandes pliegues del cuerpo soportados por un esqueleto interno de cartílago, en filas paralelas, que pueden dividirse en dos partes: una más cercana al cuerpo, compuesta por cartílagos basales, y otra periférica, con cartílagos distales.  Unos radios dérmicos fibrosos llamados queratocitos conforman la parte exterior de la aleta, y están conectados a los cartílagos.


Partes de un tiburón y sus aletas. CC Chris Hugh

La comparación de los tipos de aletas caudales (la cola) permite distinguir a los tiburones rápidos de los lentos. Los rápidos, el blanco, el marrajo, el cailón (los lámnidos) tienen lóbulos muy parecidos en tamaño, aunque la estructura interior no lo sea, y con una relación altura anchura muy elevada, lo que les permite transmitir el empuje de manera muy eficiente, incluso con movimientos laterales muy limitados. Los tiburones bentónicos (que habitan en el fondo) tienen el lóbulo inferior de la caudal muy inferior, lo que les facilita que se posen en el suelo. Es muy llamativo que el tiburón ballena y el peregrino tienen la cola muy parecida a la de los tiburones depredadores, que necesitan la velocidad para sorprender a sus presas, a pesar de que se alimentan de plancton. Ello parece ser que se explica porque los requerimientos de su forma de vida nómada por el océano en busca de alimento les obliga a que su cola deba ser más eficaz.

Las aletas dorsales pueden ser trapezoidales o redondeadas, puede haber más de una,  y su posición depende de los hábitos de cada especie: están situadas más atrás en tiburones menos activos, y los bentónicos. Las aletas dorsales y la anal tienen la función de ayudar al animal a mantener la dirección y compensar el empuje lateral de la caudal, evitando la oscilación excesiva del cuerpo en su natación.

Las aletas ventrales se modifican en función de si el animal es macho o hembra, alargándose en los llamados pterigopodios o claspers, órganos copulatorios de los machos.

Las aletas pectorales, a veces de gran tamaño, sirven para estabilizar verticalmente al animal, facilitando el empuje hacia arriba. Esta misma función (entre otras más) parece que se aplica también a los tiburones martillo, que utilizan su cabeza también a modo de alerones de estabilización vertical.

Las aletas pectorales están a veces muy modificadas, como en el caso de los tiburones ángel, dado que las utilizan como palas para enterrarse en la arena y les permiten camuflar muy la forma de su cabeza.

 

Las funciones de las diferentes aletas de los tiburones. La caudal impulsa el movimiento y las pectorales estabilizan verticalmente.
Dibujos: Mónica Alonso


Es de destacar en los tiburones su piel tan evolucionada, a base de dentículos dérmicos que permite reducir la fricción al máximo.


La piel del tiburón vista al microscopio. Los dentículos dérmicos reducen literalmente la fricción con el agua.

La natación en los cetáceos: mamíferos que viven como peces

El cuerpo de los cetáceos está diseñado para proporcionar la menor resistencia hidrodinámica posible al nadar, y tiene una piel con características especiales para incrementar la eficiencia del golpe de aleta caudal que les impulsa. En su exterior tienen cierta similitud con los peces, especialmente con los nadadores pelágicos, especialmente por la forma básica de torpedo, el color, y la presencia de aletas. Las musculosas aletas se comprimen lateralmente para ofrecer menor resistencia al agua y dar soporte vertical en el impulso de la aleta caudal horizontal, y que constituye la gran diferencia entre peces y cetáceos.

Algunos delfines son muy veloces y pueden nadar a más de 50 km/h, otras especies, como los zifios pueden permanecer en el agua durante largos periodos de tiempo. Los cachalotes pueden nadar a profundidades de 3000 m.


Anatomía de una ballena (cetáceo barbado o misticeto) y de un delfín (cetáceo dentado u odontoceto)

El hecho de haber evolucionado a partir de animales terrestres les ha obligado no solo a parecerse exteriormente a los peces sino también a modificar su metabolismo y algunas funciones fisiológicas, para adaptarse al medio acuático. Han conservado aspectos distintivos de los mamíferos, como la respiración con pulmones, el amamantamiento de las crías y sus complejas relaciones sociales.

En la actualidad se pueden observar algunos de los vestigios de los mamíferos terrestres en los esqueletos de ballenas y delfines. Tienen extremidades anteriores (las aletas pectorales) pero están adaptadas con forma exterior de aletas y sin dedos, aunque su esqueleto aún tiene los huesos de los dedos, con su escápula y huesos del brazo y antebrazo. Y tienen unas extremidades posteriores vestigiales en su esqueleto, que como ya hemos dicho antes, no se manifiestan en su forma exterior.


Las extremidades en los mamíferos



A nivel muscular la parte trasera está más desarrollada que la delantera, dado que las aletas pectorales y dorsal solo sirven para dirigir el movimiento, mientras que la cola proporciona la fuerza y propulsión del animal, que es potenciada con sus grandes lóbulos horizontales, que les permite literalmente apoyarse en el agua para impulsar sus a veces enormes cuerpos. Su piel ha evolucionado para reducir la fricción con el agua y los genitales y orejas se han convertido en órganos interiores.

REFERENCIAS:
Dolphins and whales Maurizio Würz y Nadia Repetto
Guía del Mundo Submarino: Tiburones. Angelo Mojetta
Ballenas, delfines y marsopas. Mark Cawardine, Erich Hoyt, R. EwanFordyce y Peter Gill

viernes, 22 de diciembre de 2017

Buceo con tiburones en Maldivas

Texto: Mónica Alonso Ruiz
Este artículo se publicó en la Revista Escápate, en su número 24
http://www.cluboceanides.org/recursos/escapate-24-2017.pdf

La portada del artículo en la Revista Escápate num 24

El pasado mes de marzo tuve la oportunidad de volver a Maldivas para disfrutar de sus maravillosos fondos marinos. Esta vez tuve más suerte que la primera vez que fui, ya hace unos cuantos años, y las condiciones del mar fueron muy buenas para la práctica del buceo.

La fauna marina que una espera encontrar cuando va por allí consiste fundamentalmente en animales grandes, especialmente tiburones. Sorprendida por lo afectados que habían quedado los corales duros de las thilas (los pináculos de coral) por causa del último episodio del Niño, y a la vez muy aliviada por la presencia de numerosas masas de corales blandos que parecían haber renacido tras la muerte de sus parientes duros, pude disfrutar de un safari vida a bordo de lo más gratificante. Avistamos  numerosos tiburones grises, puntas blancas de arrecife, mantas de arrecife en dos maravillosas inmersiones, pudimos ver el tiburón ballena y finalmente una experiencia de buceo nocturno con tiburones nodriza. Estas dos experiencias, la del ballena y los nodrizas fueron muy gratificantes: ver de nuevo al gran gigante del mar me emocionaba mucho y la inmersión nocturna en el muelle de Alimatha con los nodrizas era nueva para mí, dado que no se realizaba aún la vez anterior que estuve por allí (yo ni siquiera pude ver nodrizas en las inmersiones) e iba a ser mi primera vez con esta especie. Una vez finalizado el safari ambas experiencias me dejaron pensamientos contradictorios flotando en mi cabeza y una cantidad de cosas en qué pensar que me han llevado, una vez aclaradas las ideas, a relatar todo esto y lo que pienso de ello.

Como ya sabéis, soy una gran amante de los tiburones, y como conservacionista siempre he defendido aquello de que “vale más un tiburón vivo que uno muerto”. Esta es la justificación habitual para las actividades de buceo con tiburones, que son la mejor forma de proporcionar recursos a aquellos que han dejado de pescarlos para protegerlos, y así animar a las autoridades a que emprendan acciones a favor de su protección y en contra de su pesca.

Sin duda el buceo con tiburones es apasionante, para algunos una experiencia de aventura y riesgo, y para otros una oportunidad de ver a estos maravillosos animales en su medio. Y por eso nos apuntamos a todo lo que nos propongan en relación con la posibilidad de verlos. Sabemos que hay tantas especies de tiburones que no todo es adrenalina, dado que algunos, como los tiburones ballena, no dejan de ser pacíficos animales. Y lo mismo ocurre con el tiburón nodriza, un animal aparentemente tranquilo y nada agresivo.

Buceo con el tiburón ballena en Ari Sur

Programado en el itinerario del safari estaba el buceo con el tiburón ballena en el sur del atolón Ari Sur. Nos explicaron que la plataforma de ese atolón es muy pequeña  y somera y que a muy poca distancia la profundidad es muy grande. Por ello esa zona es idónea para el avistamiento de especies pelágicas de gran tamaño. Y parece ser que los tiburones ballena que se acercan a la costa son juveniles de “pequeño” tamaño (alrededor de 8 m), que nadan en profundidades someras para calentarse con el sol. Un poco escéptica con esta explicación, continúo escuchando las indicaciones de nuestro guía mientras nos ponen un vídeo de cómo comportarse con estos animales cuando nadamos a su alrededor. El primer y único encuentro con ellos iba a ser buceando con tubo y aletas en superficie.

Los guías llevaban toda la semana sin hablarnos de este encuentro, como para que no nos hiciéramos ilusiones: hacía más de dos meses que no avistaban un solo ejemplar en la zona, y eso era muy raro. Al parecer se había podido ver un grupo de orcas en la zona y los tiburones ballena juveniles parecían haber desaparecido para no encontrarse con estos depredadores.

Nos explicaron las normas: no ponerse delante del animal ni en su trayectoria, respetar una distancia de seguridad y no tocarle. Todo muy correcto y es lo normal en estos casos. Lo que no nos contaron es que esperando a estos animales en esta zona, cada día hay más de 8 o 10 cruceros con unos 20 buceadores en cada uno. Y además los resorts cercanos acercan a los turistas a nadar con este animal.

Llegamos a la zona y nos encontramos con un espectáculo dantesco de todos los  barcos haciendo recorridos de búsqueda a lo largo del atolón. “Nos han dicho que se ha visto uno”, nos decían los guías, nerviosos mientras que nuestro barco de buceo, el dhoni, de unos 10 m de eslora, navegaba a toda leche de un lado para otro. Nos explican la estrategia: todos preparados con tubo y aletas y en cuanto el barco pare y nos digan, nos tenemos que tirar al agua en grupo.

No sabemos cómo, nuestros guías fueron muy listos y lo vieron primero, antes que el resto de los barcos: “está a unos 5 m de profundidad”, dijeron, y nos lanzamos al agua. Fue impresionante: allí estaba, justo debajo de nosotros, navegando sin parar paralelo a la costa, aunque no muy rápido, lo suficiente para tener que aletear fuerte para poder verle el cuerpo entero y no perderle de vista. Un par de afortunados apneistas pudieron apenas acercarse a unos metros del animal y sacarle unas fotos. Y mientras el resto nos debatíamos en superficie con más de cien personas que estaban a nuestro alrededor, enloquecidos por ver su majestuosa cola. Se acercaban barcos al enorme grupo de nadadores, con el gran peligro que esto representaba, para acercar aún más a sus grupos de nadadores.
Yo “pateaba” con mis aletas sin fin, con las manos por delante para evitar las patadas, aletazos y golpes de otros nadadores. Recibíamos empujones y golpes por todos los lados, a la vez que oíamos gritos en todos los idiomas. Y mientras tanto nuestros guías se debatían por elevar sus manos para que los barcos les pudieran ver y evitar que se acercaran peligrosamente a nosotros con sus motores en marcha. Vimos chinos con chaleco salvavidas y máscara completa de cara (de esas nuevas con el tubo por delante), flotando y a la deriva, como alejados de la acción. Sin saber aletear y probablemente sin saber nadar.

Foto: Tchami 

Finalmente el animal se fue y la magia desapareció. Volviendo a la realidad tuve que hacer esfuerzos por quitarme la gente de encima, mientras trataba de ver alguna cara conocida cerca. Afortunadamente nuestro grupo no se había desperdigado entre el más de centenar de personas en el agua y escuché voces familiares. En un instante nuestro dhoni estaba allí para sacarnos a todos sanos y salvos.

Imagino que para los guías este “circo” tan peligroso por la posibilidad de que alguien saliera herido, no les debe gustar mucho, aunque lo sufran semana a semana. Pero hacen tan bien su trabajo que parece que se las apañan bien para sacarnos a todos indemnes.

También me pongo en el lugar del pobre animal que se acerca a la costa supuestamente a nadar en aguas someras y percibe ese enorme escándalo de barcos navegando a toda velocidad y luego de nadadores chapoteando tras él. A pesar de que este individuo estaba muy tranquilo, finalmente se debió cansar del barullo y se fue. Ya no se le volvió a ver más ese día. Desconozco si en días posteriores se pasó por la zona o huyó despavorido hacia otras zonas más tranquilas.

La sensación que tuve de “circo animal” superó con creces la euforia y la alegría por poder apreciar la majestuosidad de su natación poderosa. Mi impresión es que las autoridades maldivas, que supuestamente destinan fondos al estudio de esta especie, seguramente pondrán algún tipo de cuota a estas actividades, ya que pueden ser peligrosas para los turistas, y para los propios animales.

Es muy posible que la inexplicable ausencia de los tiburones ballena en esa zona responda a la huida de un entorno poco agradable para ellos y no por la presencia de orcas en la zona ¿quién sabe? Pues al final ¿quién es más dañino, el hombre que lo invade todo, o sus depredadores naturales? Estábamos en un confín del planeta, en un lugar supuestamente poco masificado por el turismo, y estos pobres animales acababan sufriendo la masificación turística. No me puedo imaginar qué ocurriría si esto estuviera más cerca de Europa.

No podía evitar contaros a todos esta experiencia, para expresar en voz alta mis pensamientos confusos. Quizá estamos intentando salvar a estos animales de una forma que tenemos que modificar. Es cierto que cada uno de los que estábamos allí sin duda nos hemos vuelto más defensores de este animal tras la experiencia. Pero ¿a qué precio? ¿Tenemos derecho a perturbar la vida de un juvenil que se acerca pacíficamente a la costa y modificar gravemente sus patrones de conducta?

Tampoco soy muy radical diciendo que no se deba nadar con ellos. Creo que sigue siendo beneficioso incluso para la propia especie. Quizá se deban rediseñar este tipo de actividades o limitar el número de personas. El tiempo lo dirá… O los tiburones ballena se irán de la zona. 
Esquema de la actividad. Cortesía Emperor Divers

Buceo con tiburones nodriza en el arrecife de Alimatha

La última noche del safari nos llevaron a Alimatha, un lugar muy popular en los últimos años por su inmersión con los tiburones nodriza en un canal de un atolón, al anochecer. Me habían contado muchas cosas sobre esta experiencia: sobre todo que era un espectáculo de tiburones y buzos mezclados en un frenesí motivado por el cebo diario de los animales, en medio de la corriente del canal, y aderezado con el factor nocturno y con la presencia de grandes pastinacas envolviendo a los buzos y tiburones.

Los tiburones nodriza tienen fama de ser muy pacíficos y claramente inofensivos. El reducido tamaño de su boca y sus diminutos dientes no pueden dar a este animal la imagen del típico tiburón devorahombres que los medios de comunicación nos venden todos los días. Claro que los animales salvajes, por pacíficos que sean, en un frenesí alimentario por la presencia de abundante cebo flotando en el agua entre los buceadores, pues pueden dar lugar a pequeños accidentes y lesiones a buceadores y animales.

En nuestro barco, en el “briefing” de la inmersión nos explicaron que el gobierno maldivo ya no permite el cebo intensivo que se venía haciendo todos los días. Y que las actividades en la zona somera del “jetty”, el muelle delantero del resort donde se hacía el cebado diario, ya no se hacían. Muchos barcos de crucero se seguían reuniendo allí cada noche, para bucear con estos animales, aún muy condicionados por la pasada actividad de cebo masivo. Algunos barcos sí llevaban cebo, pero el nuestro, por cuestiones éticas, no lo llevaba. Nos explicaron lo de siempre: dejar que los animales se acercaran y no al revés, no perseguirlos y no tocarlos; buceo en grupo y la forma de colocarnos en el fondo cuando aparecieran los tiburones nodriza.

Y nos fuimos al agua tranquilamente, separados de los otros barcos, y avanzamos por el canal. Con nuestras linternas por delante, para iluminar la oscuridad creciente, encontramos un grupo de buceadores en círculo alrededor de dos ejemplares tranquilamente tumbados en el fondo. No había corriente ese día.

Aquí me tenéis, junto a un tiburón nodriza. Foto: Luis Abad
Seguimos adelante y vimos algo más de acción: un grupo de 4 o 5 animales rodeaban muy de cerca a un grupo de buceadores. Nos acercamos y nos rodearon e hicieron pasadas muy cercanas esta vez alrededor de nosotros. Eran bastante grandes y no estaban nada nerviosos. Sin duda esperaban un premio en forma de cebo que no se les daba. Llegaron las pastinacas: estas más descaradas con los buceadores y acercándose mucho. Pasó un tiburón por delante de mí y se frotó con el suelo, como para rascarse la espalda. Disfruté de su presencia. Nada de frenesí ni animales nerviosos. Nada de riesgo.

Era evidente que su comportamiento no era natural con la presencia de humanos. Estaban aún muy condicionados por años de cebo diario y asociaban a los buceadores con la comida, pero de manera muy diferente a como me habían contado y como algunos de mis compañeros recordaban de otras ocasiones de visitas anteriores a Alimatha. Seguramente les siguen cebando, pero ya no es tan evidente y existe menos riesgo de accidente. A la señal del guía una hora después del inicio de la inmersión todos salimos del agua. Yo estaba muy contenta por haber visto de cerca una nueva especie de tiburón, y a la vez muy aliviada porque ya no era el “circo” animal que me esperaba.
Foto: Luis Abad

Sin duda parece que el gobierno maldivo había tomado medidas, o fueron los propios operadores de buceo de la zona, para evitar accidentes y para controlar una experiencia que se les estaba escapando de las manos.

Me fui de Maldivas muy contenta, con muchas ideas bullendo en mi cabeza. Amando mucho más a los tiburones y fascinada por verlos nadar en su medio, especialmente cuando fuimos a canales donde había grises y puntas blancas de arrecife en plena acción de caza, aparentemente sin ser molestados por nuestra presencia. Triste por el tiburón ballena y el multitudinario espectáculo que se monta alrededor cada día, y contenta porque el buceo con los tiburones nodriza había dejado de ser el circo que era. Volveremos un año de estos a ver cómo han evolucionado estas actividades.

REFERENCIAS